La Tropical (Campo de Caso) -Especial Jornadas de la Matanza-

El cerdo es un animal que ha salvado la vida, literalmente, de muchas generaciones de asturianos y, en esta línea, ha servido para definir gran parte de los platos que integran la gastronomía del Principado. De este nunca bien ponderado animal se aprovecha absolutamente todo y, además, permitía preparar embutidos, curados y salazones que duraban todo el largo y crudo (antes más que ahora) invierno astur, cuando los frigoríficos eran cosa de ciencia-ficción. Compangos, guisos, potajes… el gochín, cual Christoph Waltz, es indistintamente protagonista o secundario de lujo en infinidad de viandas de nuestra región.

El día de la Constitución, los hambrientos huesos del equipo de Asturias de Bares fueron a dar a Campo de Caso, en el meollo del espectacular Parque de Redes. En la localidad tenían lugar las XXI Jornadas Gastronómicas de la Matanza, que congregaron a un buen número de turistas en la zona, ávidos de hincarle el diente a algunas de las más celebradas viandas provenientes del cerdo. A nosotros, del gochu nos gustan hasta los andares, de modo que no podíamos faltar a estas más que asentadas jornadas. Sigue leyendo

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La Ballera (Villaviciosa)

El inevitable proceso de gentrificación de las grandes urbes también se traslada, si bien en menor medida, a las localidades más pequeñas. Ese fenómeno de ‘fuera lo viejo, dentro lo nuevo’ afecta a los comercios de toda la vida, que se ven desplazados en favor de formas de ver el negocio, la restauración o la venta algo más trendy y uniforme. De esta manera, vayas a Oviedo, Madrid, Londres, Kyoto o Buenos Aires, siempre encuentras el mismo pub, la misma tienda de ropa, la misma librería o cafetería. Un proceso moderno, práctico, global y útil pero que, permitidnos la expresión, convierte el mundo que nos rodea en un familiar y feliz coñazo, homogéneo y aséptico a más no poder.

Las sidrerías no escapan de este fenómeno. Por eso, cada vez es más frecuente la inauguración de sidrerías ‘de autor’, que en estética se asemejan peligrosamente a la consulta de un dentista y que, en ética, se alejan del arquetípico concepto de chigre. Por eso nos congratula enormemente que irreductibles chigres, como el que hoy nos ocupa, resistan todavía y siempre al ‘invasor’.  Sigue leyendo