Casa El Chato (Santa Marina de Piedramuelle)

casa el chato

Lo más especial que tienen los tesoros, además de su valor material, es el hecho de que suelen estar bien escondidos. Esto hace que encontrarlos sea aún más placentero y emocionante. De joyas escondidas, gratas experiencias y veladas inolvidables trata precisamente nuestro post de hoy. Y es que a Casa El Chato no se llega por casualidad. Ubicado en la parroquia ovetense de Santa Marina de Piedramuelle (en concreto, en el número 40 de la carretera de La Espina), este pequeño restaurante de comida casera es, desde 1976, un referente de los fogones asturianos.

Regentado por la entrañable Mercedes Fernández Banciella, continuadora de la saga familiar, Casa El Chato es el lugar perfecto para degustar los mejores platos de la gastronomía asturiana tradicional. Platos de toda la vida, vamos. La cocinera y propietaria del establecimiento forma parte del Club de Guisanderas, toda una institución en la cocina del Principado. Mercedes es custodia de esa manera ancestral de cocinar en Asturias, que tantos buenos ratos nos ha hecho pasar de la mano de nuestras güelas y sus exquisitos guisos. Es decir, una cocina hecha con mimo y materias primas de primera calidad.

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La carta de Casa El Chato no es demasiado extensa. Ni falta que le hace. Los potajes son, sin duda, la especialidad de este restaurante. Altamente recomendables son el pote asturiano (muy generoso en compango) y les fabes con setas y langostinos, aunque cualquier elección es buena en Casa El Chato. No dudéis en dejaros aconsejar por Mercedes, que está al mando de los fogones y conoce cuáles son los platos más apetitosos en cada momento. En este sentido, hay determinados productos que sólo trabaja en temporada, como las setas y el bonito, para asegurar la máxima frescura y calidad posibles.

La carne es otro de los puntos fuertes de Casa El Chato (aunque la verdad es que allí todo está bueno). El entrecot de ternera y la carne gobernada son dos de nuestras elecciones preferidas. Intentad dejar sitio para el postre. Por experiencia propia, os podemos asegurar que los frixuelos y el arroz con leche son de primera. Comer en Casa El Chato no es sólo una agradable vivencia para el paladar, sino también para los sentidos. Y es que el comedor es sumamente acogedor, como si volvieras a ser un niño y te encontraras en la casa del pueblo esperando a que güelita te trajera la cena. Como elemento extra, la casona, de finales del XIX, tiene una panera anexa.

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Respecto al precio, resulta bastante ajustado. Por alrededor de 20 euros (con una botella de vino bastante decente), sales bien comido y con una sonrisa en la cara gracias a la amabilidad y la atención de Mercedes. Eso sí, es recomendable ir con tiempo porque la cocinera sólo cuenta con otra persona para ayudarla y, ya se sabe, las cosas buenas se hacen esperar (un poco, nadie morirá de fame). Dados tantos atractivos culinarios y de otra índole, no es extraño que grandes personalidades de la cultura, la ciencia y la política (Severo Ochoa, Grande Covián, Rafael Alberti…) se hayan sentado en una de las mesas de Casa El Chato.

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